El asentamiento en los mercados de una marca como Subaru cuenta con un nuevo capítulo protagonizado por la cuarta generación del Legacy, un vehículo que a su tradicional polivalencia y deportividad une ahora un diseño muy estético que refuerza el estilo de berlina prémium que esta marca quiere para su producto.
Subaru, como es sabido, es una firma japonesa que dota a todos sus vehículos, incluso al pequeño Justy, del valor añadido de una tracción total permanente. En este caso llega el nuevo sistema Symmetrical AWD (tracción permanente de configuración simétrica) inaugurado el pasado año por la firma.
Este sistema acentúa la ya tradicional estabilidad de los Subaru y en esta versión “station wagon” o familiar del Legacy se pone de manifiesto con una magnífica adherencia al piso que le faculta para apurar al máximo y con plenas garantías los pasos de curva, por muy cerrados que éstos sean.
La arquitectura del Legacy ayuda en este singular aplomo. El nuevo dibujo del coche, al mismo tiempo que le hace ganar imagen deportiva, baja el perfil de carrocería y con ello le lleva a centrar aún más el eje de gravedad. Para completar este ciclo, las suspensiones cuentan con el tarado suficiente para forzar el ritmo de marcha en firmes sinuosos sin que se transmita balanceo alguno a la cabina.
En esta arquitectura destaca sobremanera el buen trabajo en el chasis que absorbe francamente bien cualquier vibración y las exigencias del fabricante en los trabajos de resistencia a la flexión y torsión de la carrocería.
En resumen, el Legacy es un coche con un excelente confort de marcha que le permite elevar los ritmos de velocidad con una insuperable sensación de tranquilidad y seguridad en el conductor. No obstante, se deja sentir un ruedo excesivo en la rodadura, incluso en los firmes mejor cuidados.
Todos estos trabajos en la dinámica del coche justifican la ausencia en el equipamiento del control de estabilidad, un elemento casi de obligada presencia en las berlinas de la competencia directa.
La versión familiar incorpora una palanca reductora que faculta a este modelo para hacer sus pinitos en senderos y caminos vecinales de tierra. Un más que interesante complemento para esa tracción integral, santo y seña de la marca.
Las formas del Legacy le determinan como un coche con mucha estética. En este familiar, la distribución de faros y calandra en el frontal sugieren una imagen muy felina y agresiva, pero sin perder elegancia y sin recurrir a artificiosidades. Todo es como muy natural, debido a los trazos sencillos. En la trasera no se ejerce tanta originalidad, pero se mantiene con buen tino la continuidad de la carrocería. Los laterales están muy marcados por el perfil bajo de su cintura.
En el interior del coche se aprecian también sensibles ganancias respecto al modelo anterior. Gana muchos enteros la calidad de los materiales y el nivel de acabado de los mismos. Las sugerencias deportivas del exterior tienen continuidad en este habitáculo donde la instrumentación está muy cuidada en lo que a información se refiere.
La distribución del pasaje se hace sin apreturas, con la suficiente amplitud para hacer sumamente placentero un viaje largo. La posición baja de conducción acentúa la percepción de anclaje al firme, sin perder por ello una buena panorámica en la visión frontal y lateral. La ergonomía y la accesibilidad también están entre los elementos de alta nota.
El maletero se antoja un tanto escaso, en cuanto a capacidad. Esos 459 litros con todos los asientos operativos numéricamente son un registro algo escaso para un coche familiar. Debajo del piso cuenta un espacio extra de sólo once litros.
Otro de los protagonismos del Legacy está en el motor. Estrena una mecánica de 2.0 litros que sirve como acceso a la gama y está claramente pensada para ganar y atraer clientela. No en vano, Subaru quiere rondar el millar de unidades vendidas sólo con este modelo. Un reto ambicioso, pero con los suficientes elementos de juicio en este producto para conseguirlo.
El motor tiene un comportamiento desigual. Hasta la 3.500 revoluciones deja traslucir algo de pereza en las recuperaciones y es a partir de ese registro cuando el coche da lo mejor de sí. El escalonamiento de las relaciones le obliga a posicionarse en la parte alta del cuentavueltas si se quiere conducir acorde con los condicionantes deportivos que encierra. Con ello, se penaliza el consumo que, en términos generales es bastante alto. En la prueba rozó los diez litros cada cien kilómetros.
Este gasto de mantenimiento queda compensado en buena parte por un precio más que accesible y bien posicionado respecto a la competencia y con el aditamento de un muy buen equipamiento de serie en seguridad con el ABS con EBD, las llantas de aleación y ocho airbags.
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