Concesionario de coches Renault
Los deportivos son, por lo general, vehículos con poca adaptación a la utilización diaria, sin aptitudes para mezclarse con el tráfico urbano sin sufrimientos para el coche y, sobre todo, para el conductor, porque suelen ser la antítesis de la suavidad mecánica y del bajo consumo.
El único que logra estar por encima de estas limitaciones es, claramente, la última creación de Renault, la versión Sport del compacto Megane, una musculosa versión prestacional que es apta para el uso cotidiano.
El Megane Sport, disponible en carrocería de tres y cinco puertas (la versión probada es la de cinco), tiene elementos distintivos de las versiones comunes, de forma que la defensa delantera, con una gran toma de ventilación, delata la naturaleza deportiva de la versión.
El tono deportivo del Megane Sport es aún más evidente desde la perspectiva trasera, con un paragolpes que envuelve dos colas de escape. La línea lateral está marcada por el diseño de las generosas llantas de 18 pulgadas.
En el interior hay menos concesiones al espíritu sport de la opción, aunque la apariencia parezca decir lo contrario. Los asientos delanteros prestan una buena sujeción lateral, pero siguen siendo cortos de banqueta, bajos de respaldo y, además, están en una posición muy elevada, en consonancia con la filosofía de un monovolumen más que con la de un deportivo. Incómodo para una conducción rápida.
Sin embargo, el puesto de conducción tiene en la posición de los pedales un mejor argumento deportivo. Están bien situados, ya que el de freno y el acelerador están muy cercanos para hacer el puntera-tacón.
El resultado exterior e interior es discreto. Anuncia las condiciones deportivas de la versión, pero sin demasiadas estridencias.
En el apartado mecánico domina un eficiente motor de 2.0 litros derivado del de 163 caballos utilizado en la berlina Laguna, al que se le ha dado un turbocompresor de doble entrada, algunos cambios en la gestión electrónica y pistones y cigüeñal más resistentes.
El trabajo con el motor se ha completado con una salida a la transmisión gobernada por una caja de seis velocidades bien escalonadas, aunque un mejor desarrollo mejoraría la eficiencia deportiva. Los recorridos de la palanca son algo largos.
El motor es silencioso y emite tonos graves cuando gira rápido, pero sin una afinación deportiva. El funcionamiento del motor es muy suave, una condición que se prolonga la conducción, a pesar de su cifra de potencia.
El coche muestra un fuerte temperamento cuando entra en funcionamiento el turbocompresor. Da una patada como la de aquellos primeros turbo de los años 80 y ello genera una flotación del tren delantero que no da buenas sensaciones.
Aún así, en una conducción convencional puede decirse que el motor es progresivo y elástico, con un comportamiento en bajo régimen que es francamente bueno.
La dirección, de asistencia eléctrica, de funcionamiento excesivamente suave, contribuye a esa sensación de imprecisión en la entrada del turbo, pero no sólo en ese momento, porque en tránsitos de conducción rápida el endurecimiento no llega a dar la firmeza necesaria para un trazado afinado. El sistema requiere un tiempo de adaptación.
Sin embargo, el bastidor de este Megane Sport no defrauda. El guiado del tren delantero es impecable, poniendo al resto del coche en la senda que se le marca. La combinación de este efectivo bastidor y unos reglajes de suspensión aceptables, no lo suficientemente dura, proporciona un buen compromiso dinámico para todo tipo de uso.
Del frenado se encarga un equipo Brembo de grandes dimensiones que no acusa fatiga con el uso extremo e intensivo de la conducción deportiva.
En curva, un buen espacio físico para el Megane Sport, el comportamiento dinámico es muy plano y muestra cierta tendencia del morro delantero a desobedecer en la entrada de las curvas, si bien es fácil de corregir, siempre y cuando hayamos tomado el tono a la dirección.
El ESP programa de estabilidad hace su trabajo con eficiencia, aun que no es intrusivo en la conducción rápida, de forma que hay margen para divertirse en los trazados serpenteantes.
El Megane Sport entra en un segmento creciente en Europa, con un grupo de competidores nutrido, impensable hace unos años, en los que uno, o a lo sumo dos modelos, configuraban una oferta prestacional muy por debajo del actual listón, entonces en el entorno de los 135 caballos.
La versión más elitista de familia Megane tiene un precio elevado que limitará el acceso a un compacto que por muy exclusivo que sea no deja de ser una berlina familiar de gran serie.
El equipamiento, al menos, es muy completo y sí guarda relación con el precio final, ya que, entre otros elementos de serie, ofrece faros de gas xenon, encendido automático de luces, control de velocidad y climatización automática.
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