Como una nueva clase presenta el Opel su nuevo modelo Signum, evolucionado del Opel Vectra, con el que comparte plataforma, pero sobre el que el constructor ha querido complementar un diseño parecido al de un coupe, muy bonito y bien logrado, y unas maneras de berlina por la gran amplitud que despliega en su interior.
La verdad es que con la conjunción de estas dos filosofías resulta un tanto difícil encuadrar al Opel Signum en un segmento, aunque para simplificar se le puede, no sin mucho convencimiento, ubicar como la versión de cinco puertas del Vectra de la que ya hubo ejemplos en las dos generaciones anteriores.
La tercera generación de la gama Vectra, de este modo, dispone de una versión sedán o de cuatro puertas, otra deportiva o GTS (de cinco puertas) y este Signum, también de cinco puertas, que externamente se diferencia bastante de sus hermanos.
Como señas exteriores identificativas de este coche figuran una trasera dominada por un portón que arranca desde el techo con un ángulo pronunciado en forma de úpula. La delantera es marca de la casa con unos faros multifocos como la zona más visible y llamativa.
La imagen del Signum es la de un coche robusto con mucho atractivo y gancho, de unas dimensiones que aparentemente engañan, pues es solo cuatro centímetros más largo que el Vectra. La fuerte diferenciación está en los trece centímetros de más de la distancia entre ejes o batalla que es la base explicativa de la amplitud del interior.
El elemento distintivo de este coche, pues, está en un interior y en la multifuncionalidad de la hilera de asientos traseros que se pueden desplazar hacia adelante o hacia atrás hasta 13 centímetros, lo que le da a la capacidad de carga del maletero la posibilidad de variar entre 360 y 550 litros, al mismo tiempo que se gana una gran separación entre hileras de asientos para viajar con el máximo grado de comodidad. Este factor de carga del maletero se puede prolongar hasta los 1.410 litros con los asientos traseros retirados. Es la aplicación del concepto FlexSpace patentado por pel para sus berlinas medias altas.
Luego están las originalidades del interior en formas de huecos portaobjetos, donde quizás lo más llamativo sea una hilera de los mismos que abarca todo la longitud del techo para guardar gafas y otros materiales de escaso tamaño.
Las plazas traseras son las que mejor reciben el concepto de coupe que encierra este coche. Son dos plazas separadas por una consola que puede operar, bien como apoyabrazos, bien como plataforma para degustar bebidas o un aperitivo de urgencia.
El Signum ha recibido las nuevas motorizaciones de Opel, y una de ellas la 2.2 litros, de inyección directa de gasolina, es la sometida a prueba. Una mecánica muy suave de funcionamiento, silenciosa y muy uniforme en su discurrir por el cuentavueltas. Su mejor rendimiento está por encima de las 3.000 vueltas, pero por debajo no es, ni mucho menos, perezoso. Empuja con mucha soltura y suficiencia desde los regímenes más bajos y se mueve sobrado de posibilidades hasta más allá de las 5.000 revoluciones. Es, pues, un coche con la transmisión bien escalonada para disfrutar de una conducción placentera y poco recurrente de la palanca de cambios.
En ruta demuestra que el buen trabajo de chasis y estructura operado en la tercera generación del Vectra no ha sido casualidad.
Se mueve con un aplomo extraordinario, bien agarrado al asfalto y esa sensación se transmite al interior para acometer una conducción muy relajada y segura. La suspensión es algo dura, pero con un grado de recorrido suficiente, como para que un viaje largo no sea en absoluto penoso.
Una de las ventajas de la inyección directa de gasolina está en la optimización del consumo. Este Signum cumple con la máxima y es bastante contenido en este aspecto. Durante la prueba rebasó por poco los nueve litros, lo que a depósito lleno le concede una autonomía de más de 600 kilómetros.

