Hay coches que parecen surgir por imperiosa necesidad y esta puede ser la causa original del Fiat Idea, un monovolumen urbano que, aunque no tiene parecido con el Punto, bien se puede considerar una evolución del mismo.
El Fiat Idea es un cúmulo de ideas y de necesidades. De las primeras porque los nuevos rumbos del mercado vienen marcados por coches muy polivalentes y, al mismo tiempo, prácticos. Aquí, en menos de cuatro metros de longitud se conjugan ambas características y lo hacen en una simbiosis adecuada. Las necesidades las dictan la circunstancias de que Fiat es una marca que no pasa por un buen momento en sus ventas y precisa de una revolución de producto que la devuelva a los lugares del ránking que antaño tuvo y mantuvo.
El espacio interior es la fuerza de este coche, aunque externamente tiene unas formas cuidadas, no radicales y que se enmarcan en el concepto de diseño muy cuidado de la firma italiana. Tiene unas líneas que recuerdan más al Opel Meriva, un directo competidor, que al Fiat Punto. Se destaca en altura, una circunstancia que, junto a su cortedad de longitud, le da una cierta imagen cúbica, ideal para identificarla con el segmento monovolumen en el que se encuadra por derecho propio.
Pero se ha dicho que su fuerte está por dentro en un habitáculo que sorprende por su aprovechamiento. Se empieza por lo sobrado de su accesibilidad a cualquiera de las plazas, producto de esa altura sobredimensionada a la que se ha hecho referencia. Se sigue por la presencia de multitud de espacios portaobjetos que se dispersan por su superficie, incluido el techo al que se le puede adosar opcionalmente una caja alargada con distintos compartimentos y dos originales guanteras a ambos lados de la parte superior del salpicadero.

Las buenas ideas de este Idea no acaban aquí. Los asientos traseros aparecen divididos por una columna central, abatible, a modo de apoyabrazos, que deja al descubierto otra guantera. Todo ellos con sencillos movimientos y manipulaciones que dan idea de lo cuidado de su modularidad.
El maletero, de 320 litros, con todos los asientos activos, (1.420 litros con ellos abatidos) no es muy superior en capacidad respecto al Punto (295 litros), de ahí la necesidad de todos estos alojamientos portaobjetos que alivian la carga.
No solo está la practicidad del hábil reparto de la carga. El Idea es un coche muy cómodo. Empezando por la disposición de panorámica sobreelevada de los asientos delanteros y traseros, así como la comodidad de estos últimos por la generosa separación entre filas.
A todo el concepto de decoración interior se une una instrumentación de generosas dimensiones, ubicada en el centro del salpicadero, al más puro estilo del Lancia Ypsilon, fácilmente legible. Se sigue explotando el recurso, marca de la casa, de la palanca de cambios adosada a la consola central con lo que se refuerza la sensación de espacio libre.
El movimiento del coche corresponde en este caso a un motor gasolina de cuatro cilindros con culata multiválvulas de 1.4 litros y 95 CV de potencia. Se trata de una mecánica muy alegre siempre que sobrepase el umbral de las 3.500 revoluciones. Por debajo de esa marca es más perezoso, aunque se estira mejor que otros ingenios con algo más de cilindrada.
Es un motor no ruidoso, pero tampoco se puede decir que su insonoridad haya sido cuidada hasta el extremo. Puede castigar algo los oídos con la subida de vueltas y el máximo aprovechamiento de las marchas. En las recuperaciones, a partir de los 80 kms/h en quinta es algo tardo y necesita imperiosamente de la palanca para reducir y coger el régimen de giro necesario.
Donde salta la sorpresa es en la estabilidad y eso que la arquitectura del Idea da la impresión de llevar entre manos un coche inseguro. Nada de eso. Apoya firme y con decisión en los pasos de curva y se sustenta en unas suspensiones muy bien reguladas para que en el interior los balanceos apenas se aprecien. La dirección se ayuda del sistema “dual-drive”, conectable para hacer las maniobras de aparcamiento mucho más sencillas y con la ley del mínimo esfuerzo, pero, sin embargo, en régimen normal, echa en falta un poco más de precisión a los accionamientos del volante.
El consumo es ajustado tirando a bajo y, sobre todo, muy en línea con el homologado por el fabricante. En prueba, apenas superó los siete litros.
El Idea es la primera de las propuestas de Fiat por retornar a un concepto de coche muy definido que le dio antaño el puesto de liderazgo entre las marcas generalistas en Europa, huyendo de aventuras de otra índole que no han cuajado. La denominación de Idea responde a un contexto de ideas ya explotadas, pero bien desarrolladas en este modelo, pero si se quiere jugar con la originalidad, la propuesta del fabricante se encierra en las iniciales del nombre de este modelo: I de inteligencia, D de diseño, E de emoción y A de arquitectura. En todas ellas sale bien parado.
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