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Mercedes ha forzado estas transformaciones en las distintas versiones de la clase C (berlina, familiar y sportcoupe) más en los elementos dinámicos que en los estéticos y el resultado se ha traducido en una sensible mejora de las condiciones de rodadura. Un factor a tener cuenta en ese sentido han sido las modificaciones introducidas en el tren de rodaje para dar cabida a unos neumáticos de ancho mayor.
Con estas mejoras, guiar ahora un Mercedes de la Clase C gana puntos en lo deportivo con mayores exigencias y un aplomo de alta nota en la circulación por vías difíciles donde despunta una dirección muy ajustada y unas suspensiones con ese punto justo de dureza para que el pasaje no rebote, pero tampoco balancee. Se viaja con un grado de confort muy alto, con el mérito añadido de ese mejor rendimiento en el carácter deportivo.
Este coche, que induce, pues, un poco más a la conducción exigente de los parámetros deportivos puede, si se da el caso de una presión más excesiva de lo habitual sobre el acelerador, provocar tirones del tren trasero que son de inmediato corregidos por el control electrónico de estabilidad ESP.
En el interior se aprecian desde el primer momento la clara mejora de los materiales y un acabado más cuidado, junto a unos asientos que ganan lo suyo en comodidad. Otro elemento más para incidir en ese plus de confort que también se ha sabido introducir en esta gama. El concepto más alto de comodidad en el interior sólo puede ser para cuatro, porque la presencia de un quinto pasajero obliga a la ocupación de un túnel central no pensado para este menester.
Las modificaciones estéticas se limitan a un cambio de las formas en el paragolpes, así como en la parrilla, además de los faros transparentes. La zaga mantiene como un calco sus formas respecto a los más inmediatos antecesores.
La Clase C introduce como elementos mecánicos novedosos la ampliación de potencia (de 143 a 150 CV) en la versión C220 CDI (diesel), el debut del C55 AMG, todo un ocho cilindros con 367 CV, y el C230 K de 192 unidades de potencia.
Este último es el probado por Efe con el matiz de estar asociado a una caja de cambios automática de cinco relaciones (opcional a un precio de 2.339 euros) que no hace sino potenciar el prestigio que esta marca tiene acreditado en este tipo de transmisiones. Dicha caja ofrece también una modalidad manual secuencial que tampoco desdice del alto placer de conducción que conserva esta versión. En ambos programas, las transiciones se hacen con gran suavidad.
Este motor, con alimentación por medio de inyección electrónica más la ayuda de un compresor, se muestra como un propulsor poderoso. No desfallece ni en la parte más baja del cuentavueltas, pero son prodigiosas sus recuperaciones superado el umbral de las 3.500 vueltas en la que se muestra abiertamente como un consumado ingenio deportivo y hasta se acompaña del ruido característico de esa subida de vueltas en chorro.
El consumo de esta versión tiende a estar subido en cuanto a registros numéricos. Es imposible sustraerse a una conducción en el límite y eso tiene su traducción en el vaciado del depósito. En esas condiciones, el gasto se va por encima de los doce litros. Sin embargo, la tranquilidad y el reposo, puede llegar a reducir el consumo en el entorno de los ocho litros.
Los precios están en la línea de Mercedes, sobreelevados, como es costumbre, respecto a la competencia, pero la clientela lo acepta y la marca de la estrella cada vez vende más. Todos parecen contentos. Así que, nada que objetar..
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