Puede que te apetezca un elegante té de las 5, aunque bien pensado… ¿Qué tal una buena hamburguesa con bacon, queso, ketchup y muchas patatas fritas? Porque a pesar de que el planteamiento de estas dos berlinas es parecido, en realidad son tan distintos como estas dos señas de identidad.
Les aleja una brecha que separa a sus dos países de procedencia, Estados Unidos y Reino Unido.
Y eso aunque, a la hora de plantear una berlina lujosa y deportiva, ambos partan del mismo concepto: motor V8 musculado con compresor. El Cadillac toma el motor LS3 6. 2 del Corvette C6 y lo remata con un compresor Eaton.
Por su parte, Jaguar acopla su cinco litros de inyección directa al mismo compresor.
Todo esto de nuevo suena a que son lo mismo, pero para nada. El XFR es muy sensible al acelerador, sube furioso de vueltas y recubre el refinado cantar del compresor con un grandioso bramido que lo sitúa directamente en el paraíso de los muscle cars.
Curiosamente, el estadounidense es algo más recatado en este apartado. El zumbido sonoro, pero no salvaje del compresor del CTS-V solo torna en el bramido que se espera de un V8 americano cuando alcanza velocidades elevadas. Y es que este motor es más potente que el de su oponente británico, pero se muestra menos hambriento de revoluciones.
En estas dos poderosas berlinas se encargan de lidiar con el portentoso par motor un cambio automático de seis marchas. En el Cadillac se muestra nervioso y en modo Sport incluso hace inserciones de forma algo tosca, a lo que se suma un retardo excesivo que dificulta las reducciones. Por suerte, las levas del volante permiten tomar un poco el control y así disminuir los tiempos de cambio.
En el caso del Jaguar, la cosa cambia. Con las levas, el inglés cambia de forma fulminante una marcha tras otra. En el modo Dynamic, acentúa la deportividad de la conducción con unas reducciones acordes con el temperamento del coche. Y sin embargo, esta transmisión nunca llega a mostrarse excesivamente nerviosa. En D el cambio mantiene el coche a bajas vueltas para circular con relajación, y en todo momento el kickdown es más espontáneo que el del Caddy.
En aceleración ambos están a un nivel parecido, aunque con 54 CV más y mayor par, el Cadillac queda siempre por delante. Habría que ver si no cambiarían las tornas en caso de que el Jaguar no llevara activado el políticamente correcto limitador de velocidad.
Y es que el americano no deja de empujar hasta 32 km/h más tarde. Hay que decir que el CTS, a velocidad máxima, mantiene la trayectoria sin perder estabilidad y solo la vibración del capó y los silbidos que se cuelan por el techo de cristal (opcional) te recuerdan que vas al volante de un deportivo bestial.
Esto es algo que también se aplica a las curvas cerradas, que el americano supera con solvencia a pesar de sus dos toneladas de peso. Se agarra con uñas y dientes al asfalto y mantiene sin problemas la trayectoria deseada gracias al excelente grip de su tren delantero y que al salir de las curvas trabaja a tope un diferencial de deslizamiento limitado.
Hay más: su dirección responde con exactitud y con el ESP en modo Sport se endurece para permitir controlar los ligeros deslizamientos de la zaga sin problemas. Los frenos Brembo, tan dosificables como potentes, redondean el magnífico conjunto.


